Día 4 – Kioto, el alma de Japón
Desayuno en el hotel. Día dedicado a descubrir la esencia de Kioto, es una de las mejores ciudades de Japón, por vuestra cuenta. La antigua capital imperial. Su ambiente sereno y su impresionante legado arquitectónico la convierten en un destino imprescindible en cualquier viaje a Japón.
El recorrido puede comenzar con la visita al Templo Kinkakuji, también conocido como el Pabellón Dorado. Su estructura cubierta en pan de oro refleja la luz del sol sobre el lago que lo rodea, creando una imagen casi irreal.
Otra parada esencial es el Templo Kiyomizudera, construido en madera sin usar un solo clavo y famoso por su balcón suspendido con vistas espectaculares de la ciudad.
El barrio de Gion, con sus calles empedradas y casas de té tradicionales, es el corazón histórico de la cultura de las geishas en Kioto. Aunque este sigue siendo su barrio, las geishas han optado por mayor privacidad debido al aumento del turismo. Aun así, Gion conserva su atmósfera mágica, con farolillos iluminando los callejones y elegantes *ochaya* (casas de té) donde, tras puertas cerradas, continúan las refinadas artes del entretenimiento japonés.
Para una experiencia más inmersiva, se puede finalizar el día en el Bosque de Bambú de Arashiyama o en el Santuario Fushimi Inari Taisha, con su impresionante camino de miles de torii rojos.
Curiosidad: El agua del Templo Kiyomizudera se dice que tiene propiedades espirituales, y los visitantes pueden beber de sus tres corrientes para obtener sabiduría, salud o éxito en el amor.
Noche en Kioto.